sábado, 4 de junio de 2022

El tiempo rodaba bajo las ruedas de mi bicicleta. Las calles y los sueños pasaban veloces por mi vida sin que yo lo supiera.

El día que decidí no verte más.

Cuando pegué la vuelta por tu "volvé, te extraño".

No puedo separar qué fue real y qué una fantasía. Cuánto de tus palabras fueron únicamente mi imaginación. Y cuántas veces vos me imaginaste.

Nunca voy a entender por qué, cuando te pienso no te pienso, te siento. Y una lágrima cae y ya no la detengo, ni la ignoro.

Sonrío y en mi sonrisa caben todas las tuyas. Y tus besos de fuego que ahora son solo cenizas en el viento.

Cuando te dije adiós sabía del dolor en mi pecho, de la agonía por lo compartido, que ya no volvería.

Nunca perdí la esperanza, pero nunca te até a mis sueños.

No sé luchar por un beso que se pierde, porque creo que lo que se pierde te encuentra cuando quiere. Y prefiero un adiós sin un duelo a una lucha constante por ser visto.

Así, sabiendo todo, caminando despacio,  volando entre sutiles primaveras, me fui, corazón abierto, y te dejé la llave que nunca vas a usar.

No sé ni de hilos rojos ni de karmas.

No sé cómo se apagan amores como el nuestro.

Y no quiero apagarlo. Porque es la llama que me mantiene viva. La que enciende mi parte más bonita y te lleva en un sueño mis mejores deseos.

La eternidad de los amores que nunca se completan porque son, sin la necesidad de completarse.