sábado, 14 de junio de 2025

Los cinco elementos

Tomas la varita mágica de crear

y pones en marcha el proceso.

Ahí están, todos los elementos,

mezclados y a tu alcance.

Agitas la varita.

Te asombras de la fuerza,

del baile poderoso de las aguas y el fuego,

de la vida y del rito

ocultos en el aire y en la tierra,

y también de tus posibilidades.

Dejas a un lado la varita mágica

para ponerle cuerpo a la creación.

Tus manos, tu cerebro, tu alma

formando parte del rito y de la vida.

 

                El séptimo día, descansas

                maravillándote de la creación entera.

Poema de un deseo

Sólo por hoy,

sólo por esta noche

tan cerrada, oscura, indescifrable

Universo, concédeme un deseo.

Que alguien pueda despertar sin prisas

y comprenda el misterio de la vida

naciendo en las mañanas.

Que alguien sienta que en este instante no está solo.

Que alguien sepa que su sonrisa

tiene el poder para cambiar al mundo.

Que alguien tienda una mano

y otro alguien que esperaba, la reciba.

Solo por hoy, solo por esta noche

deseo que las ansias de justicia

se transformen en hechos, en acciones.

Que el amor que se da, vuelva con creces.

Que el tiempo se detenga en un segundo

 y que la humanidad se sepa humana.

Que pueda reinventarse aquel que piensa que todo está perdido.

Que un solo abrazo acerque diferencias.

Que en la madrugada,

luego de la hora más oscura de esta noche

se rompan las certezas

y que de esos fragmentos de verdades parciales

emerja un nuevo cielo.


Diferencias

Hay quien colecciona el tiempo en calendarios.

Fracciona los minutos, los optimiza,

cada segundo cuenta en sus quehaceres

Yo prefiero perderlo, lentamente,

compartirlo en un mate con amigos,

dejándome llevar por esa fuerza que, guiando lo intangible, nos acerca.

Hay quien arma estrategias impecables,

y evalúa cada resultado.

Mi táctica es la falta de herramientas,

sumergirme en las páginas de un libro,

bailar la libertad de una canción

y soñando posibles horizontes,

usar el pentagrama de lo absurdo para alejarme un rato del camino.

Yo elijo lo que no se olvida,

lo que no tiene precio de mercado.

La crepitante voz de la esperanza.

La carcajada hermana.

El camino ondulado de las sierras.

Las tortas fritas en el día lluvioso y las manos curtidas que las hacen.

Yo creo en el amor que no se explica,

que no cotiza en acciones en la bolsa,

que es brújula y a la vez no tiene rumbo,

que nos trae de la muerte y el olvido,

solo con la palabra y la memoria.





domingo, 8 de junio de 2025

Dual


Llegamos, quién sabe de qué mundo,

y el llanto es la alegría de estar vivos. 

Nos descubrimos solos,  desvalidos, con la energía bullente de mañanas.

Individuos sociales, el límite del otro nos frustra y nos contiene. 

Pasamos años, la existencia misma, buscando quiénes somos.

Disfrute, vergüenza, desafío. 

Abrazo, miedo, fortaleza.

Goce, misterio, risas, rebelión hierática,

psiquis, alma y cerebro.

Recorremos el mundo, viajeros planetarios de senderos difusos,

y una brújula interna que nos marca el camino. 

La mitad de la vida nos enfrenta a mirarnos al espejo, 

Presente abismo, pasado identidad, futuro incierto.

¿Logramos disfrutar de los sentidos? 

¿Logramos conectarnos con el todo?

¿Logramos descubrir los misterios de la deidad lejana? 

Un día llegarán esas respuestas a todas las preguntas. 

Y diremos adiós, con la nostalgia 

de desprendernos, al fin, de la atadura.

Quedarán en el aire flotando las historias. 

Quedarán en la tierra sembradas las memorias, 

junto a aquel cuerpo dual amigo y compañero. 

Tan profano y sagrado.




jueves, 6 de abril de 2023

 

Él pretende la objetividad de la máquina.

La perfección de la racionalización moderna.

No soporta las imperfecciones humanas. Ni siquiera la propia.

A veces, se avergüenza en soledad de su parte humana e imperfecta.

Lo más perfecto de la racionalización es que todo vale.

Todo medio racional sirve

para alcanzar los fines,

aunque los fines sean individuales,

y los medios colectivos.

 

Sin subjetividad,

esos fines, esos medios

no pueden ser ni buenos ni malos para el otro.

Porque no existe el otro.

Sólo la máquina existe. Objetiva. Racional.

¿Eficiente?

¿Desde qué ángulo humano medimos

el impacto feroz de la objetividad de la máquina?

 

La parte humana muere.

Se seca.

Ya no hay agua: ningún sentir la riega.

Ya no hay aire: sin vida, es innecesario.

Nada late.

No hay sentido que trascienda lo personal, lo finito.

No hay magia.

La racionalidad aleja los esfuerzos por alcanzar los imposibles.

¿Para qué?

 

Sin embargo,

la vida late hasta el último aliento.

La vida extiende la agonía

a través de sus latidos, cada vez más leves y espaciados.

 

Racionalmente no podríamos decir

que la vida guarda la esperanza

de ser rescatada de la objetividad de la muerte.

Que en la vida late el sentido, dormido,

y a la espera

de una gota de agua,

de una brisa,

o de un corazón que, sabiéndose racionalmente limitado, lo despierte.

 

Ella rebosa vida.

Es risueña, ridícula.

No le importan las razones ni las racionalidades.

No se deja dominar

por las herramientas de la ciencia.

Las oxida cuando sopla sobre ellas,

cuando llora sobre esa explicación racional que no comprende.

 

Atemoriza.

Porque no cree en la magia. Es magia.

Y el mundo no está preparado para tanto.

Y cuando el mundo racional no entiende, mata.

Entierra a la vida.

La asfixia de razones.

Le arranca todo sentido, y ahí la deja, desprovista de todo.

 

La vida se apaga.

Sus latidos, cada vez más leves y espaciados.

 

Agoniza callada,

esperando que la razón destile una sola gota de locura.

Que, vendados los ojos,

la razón palpite

y descubra

que hay cosas que no pueden explicarse

sin el sentido común que las acerca.

Que uno no puede aislarse eternamente de sí mismo.

Que tanta explicación también entierra

sus propios latidos.

Y que con la muerte de la vida

la razón también muere.

 


 

 

viernes, 3 de marzo de 2023

El micro se alejaba del conurbano bonaerense. La colectora. 
La basura. 
Los pibes en las esquinas.
La calle del amor que nunca fue.
La esperanza de verlo, de encontrarlo... Pero no... ¿Para qué?
El micro borraba todo aquello que iba quedando atrás. 
Liniers. Y ese fin de año que le abrieron la cartera y le robaron el dinero de las compras. 
Otra vez la colectora. 
Como cuando viajaban en la moto hacia ninguna parte. 
Esa noche que él no llegó. 
Y ella perdió la confianza. 
El micro repasaba el territorio que le devolvía la confianza en sí misma. 
Iba en busca de un pedazo de tierra. 
Para convertirlo en "territorio". 
La tierra vida. Latiente. Sangrante. 
Y el territorio propiedad. Cosa. Loteo. 
Ya había perdido el sueño de la casa propia y compartida. 
La tierra abre su espacio, habitado o inhóspito. 
No todo había sido tan malo o tan lloroso... 
Los mates a la madrugada fueron buenos. El abrazo, el hombro donde apoyar su cabeza cansada de tantos pensamientos. La charla interminable. La charla ovillo. 
Todo el mundo le escapaba a las rutinas. Ella se enamoraba de las rutinas. 
Como el zorro del principito, ella necesitaba saber que él vendría a las 4, para estar esperándolo desde las 3. 
Pero uno se cansa de esperar. 
No. No es la espera lo que cansa. 
Es la sensación de convertirse en un objeto más, perdido entre todos los objetos de la vida de otro. 
Y allá, en el fondo de la vida de uno, decirse ¿Y a mí quien me espera? 
Esa pregunta atroz, se convierte de pronto en el viento que sopla la semilla, y la arroja hacia otra tierra. 
Valija, pasajes, micro, y la semilla vuela en busca del arraigo. En busca de esa tierra que la acune, de esa lluvia que la riegue. 
Amanece. En otro territorio. Otro espacio. El mismo sol, abriéndose a una vida nueva. 



sábado, 17 de diciembre de 2022

A un cambio de distancia

Como pez en el aire.
Como gato en el agua.
La asfixia dolorosa de no encontrar entornos.
La muerte irremediable.
Demasiadas palabras fluyendo por mí sangre, 
retorciendo la forma de explicar
lo que no tiene por qué ser explicado, 
hasta obligarme a abusar de mis silencios,
de mis absurdas síntesis,
de mis adioses.

Me enredo en mis propios caminos que se cruzan.

He piloteado naves tan difíciles...
He caído, profunda y brutalmente, a los vacíos ajenos...

Pero también he vuelto
como siempre regresamos todos:
al origen,
a los faros del alma,
a tocar una orilla del insondable océano del espíritu.

Luego de tanto vuelo y tanta búsqueda
aprendí a reencontrarme
con cielos conocidos,
y con la cruz del sur que marca el rumbo.
A disfrutar los ciclos
sin ansias y sin miedos,
porque al fin todo pasa y todo vuelve,
y algo queda en la tierra,
casi muerto, palpitando inviernos,
renaciendo como de la nada
frágil
seguro
imperceptiblemente para muchos,
en cada primavera.

En la jungla voraz
que es este mundo exigente de nadas,
aprendí que no existen secretos.
Que solo hay que saber aguzar el oído
y abrir la mente
para ver todo a un cambio de distancia.

Que el único deber obligatorio
es prepararnos para el siguiente paso
y atrevernos a darlo.