sábado, 20 de noviembre de 2010

Yo nací un mediodía, alunada y cambiante,
con la lágrima fácil y una fe decidida,
la mirada hacia adentro, la sonrisa encendida,
el alma al descubierto y el paso desafiante.

Yo llegué poseedora de un montón de defectos,
defensora vehemente de las causas perdidas,
la caprichosa búsqueda de un sentido a la vida
para enfrentar la sombra del miedo por la muerte.

Descubrí que el silencio puede ser diferente
en la cálida risa de las voces presentes
o en la tristeza pálida de las voces dormidas

Detrás de los olvidos y las cosas pendientes
descubrí la palabra, en mi tierra, simiente,
y me dormí acunada por tus brazos-poesía.

ROXANA LAURA RONQUILLO

lunes, 20 de septiembre de 2010

(Puedo ser muy creativa o increíblemente obvia... Eso también es parte de mí... Así que... si es el Día de la Primavera... escribamos sobre la Primavera... jajaja...)



Junto a mi primavera
tu nombre se desliza
suave, dulcemente
los labios tibios,
sonrosada la piel de adolescencia
y la esperanza amor,
los cuerpos recostados sobre el césped,
de cara al cielo
tan interminable
como los días o el correr del tiempo
a los quince años...
Tan infinito
como aquel parque Roca
sin límites,
sin condicionamientos,
sin finales...

Roxana Laura Ronquillo

domingo, 15 de agosto de 2010


Anclados por ahí,
entre tantos rincones,
palpitan los recuerdos
que me mantienen viva,
aferrada a tus manos,
tus palabras, tus besos,
abrazada al fantasma
de tu amor imposible...

Te quiero, gitano...

ROXANA LAURA RONQUILLO

domingo, 18 de julio de 2010

Todo regresa...



La casa de la infancia
siempre esconde
laberintos ocultos,
siempre guarda
tesoros escondidos,
y rescata,
entre los pliegues de este disfraz de adulto,
las memorias de aquel niño que fuimos.

La casa de la infancia…
Ese calor de manos conocidas…
Ese aroma a nostalgia,
a espacios grandes pero siempre llenos…
Ese cómo te fue
que nos espera,
el hacer caballito
en el regazo de un tiempo que no vuelve,
la voz dormida
en ese cuento que aguarda ser leído,
aquel adiós
que no dijimos nunca,
y que nunca diremos,
porque todo retorna:
los amigos,
los sueños,
el crepitar del leño
en medio de este fuego que es la vida,
la quietud de las tardes,
la siesta,
las veredas,
el clip clap del caballo del que vende las sillas,
el guardapolvo blanco,
las canciones,
todo…
Todo regresa.

ROXANA LAURA RONQUILLO
16 de julio de 2010

jueves, 24 de junio de 2010

VACÍO...



Julián se tiró en la cama y fijó su vista en el techo.
La recordaba sobre él. Su tibieza... Las curvas de su cuerpo, que tantas veces recorrió maravillado por su fragilidad y su fuerza...
¿Por qué no le sacó ninguna foto? ¿Por qué no la obligó a dejarse explorar por la cámara para guardar su imagen tan vívida como entonces, y poder contemplarla ahora, que sobre él sólo estaba el vacío?
Toda la casa era un gran recuerdo, una gran fotografía suya. Ella sonriendo, buscándolo, besándolo, vistiéndose. Ella, pura luz en su sonrisa, y sombra sigilosa y sensual en la penumbra de su amor escondido.
¿Por qué no le dijo que la amaba? ¿Por qué no la retuvo al despedirse? ¿Por qué le duele tanto el hueco que dejó su cintura entre sus manos?
¿Por qué no quiso atarse para siempre a su cuerpo, y ahora se moría atándose para siempre a su sombra?
Sus manos de rey Midas convertían en ella todo lo que tocaba. Hasta lo más trivial, lo más pequeño, le mostraba la helada tristeza de su falta.
¿Por qué ese miedo a pedirle "no te vayas" y ahora el miedo atroz de saberse tan solo, tan sin ella, tan silencio, tan nada?
¿Y por qué no se animó a decirle cuando aún estaba a tiempo, que lo suyo no era egoísmo sino miedo?
Julián vagó por la casa como suelen hacerlo los fantasmas que buscan un hálito de vida, dónde aferrarse para sentirse vivos.
Dio mil vueltas, sabiendo que ya no habría preguntas y ya no habría respuestas... que esta vez, por no sentirse así, desnudo, vulnerable, por temor a perderse si se entregaba con la fuerza con que lo sentía, por no dejar que ella lo guiara a través de las oscuridades de su propio interior... por el miedo a perder si se jugaba... al final... esta vez... había perdido.

ROXANA LAURA RONQUILLO

sábado, 22 de mayo de 2010

MÁS ALLÁ...

(Y bué... yo también me sumé a "la onda bicentenario"... Ahí va el relato)


Conozco cada pequeño rincón de la casa. Cada escondite secreto, sus sonidos, las luces y todas sus oscuridades...
Conozco ese movimiento en la cocina. Invitados. Cuando hay invitados, las voces van y vienen, agitadas. Las sartenes golpean y hasta el agua de las cacerolas parece protestar desde su hervor.
En los días tranquilos, las ollas y sartenes golpean suave, rítmicamente, como las manos de los negros sobre los tambores. El aire vibra en los días tranquilos. Las voces suenan como cantos de misa, y ríen, porque cada segundo es suyo.
Hoy sí, hay invitados. Hay unas manos deshuesando el pollo, apresuradas, y ese aroma a cebolla para muchos.
Todo está encendido, hasta las mejillas de mi negra se encienden como el fuego.
Hasta a mí, acostumbrada a mi eterno frío, me llega aquella calidez de la cocina.
Y mi negra se enoja porque los días de invitados todo se empeña en querer salir mal, pero ella lo resuelve; manda, dirige y hace, en aquella, su propia, reducida gobernación de la inmensa cocina.
Entonces, el José trae las verduras y las mejillas de mi negra se encienden diferente. Sonríe, y sus dientes brillan, y sus ojos brillan, y todo en ella se transforma en un resplandor de sol al mediodía.
Hay poco tiempo... La sombra de José se pierde entre los tilos, a lo lejos. Ya todo suena solo y baila solo, un aroma dulce envuelve los sentidos, mientras se forma la rueda.
El aire es ahora risas y chimentos, y consejos, y blancura de enaguas ya sin prisas.
La negra cuenta... Cuenta de amores de generales y damas, de batallas terribles, de esa niña que se internó en un convento porque la querían casar con un general más viejo que el tiempo...
Me acerco a la rueda. Ya no tengo que espiar tras las cortinas. Ya no me llaman para prepararme porque los invitados...
La negra me presiente, pero calla mi historia porque mi historia es triste y nunca hay que estar triste en la cocina.
Los perros ladran más allá del portón de la entrada... Comienzan a llegar...
Voy a espiar, a ver quién es el primero. Voy a volar con las hojas doradas de los paraísos, mientras las negras prueban, a escondidas, los manjares prohibidos.
Ya llegan pero nadie me pide que me comporte como una señorita.
Una vez, les grité que cuando comenzaba su reunión aburrida, la verdadera fiesta había terminado.
La negra se rió mucho en la cocina, en el resto de la casa todos hablaron de "la niña rebelde" y me prohibieron hablar en las siguientes reuniones. Pero no me importó. Yo ya había dicho lo que quería decir.
Ahora no hablo, ni me río, ni siquiera soy la niña rebelde.
Todos llegaron. Yo debo irme. Más allá no existen estas reuniones. Más allá uno pertenece a todas las cosas y todas las cosas pertenecen a uno.
Sólo mi negra nota que me voy. Que regreso a mi tierra de fantasmas...

ROXANA LAURA RONQUILLO

lunes, 10 de mayo de 2010

Ya nada...


Ya no nos queda, amor,
más que la piel sedienta, desgarrada,
el desierto reseco dejado por las lágrimas,
los besos, los soles de caricias,
cuando después de todo
nada queda, amor, ya nada...

Ya he visto los confines de tus ojos
he vencido los muros solitarios
de los que te rodeas,
los fosos del castillo de tu vida,
tus fortines callados,
comodidad o miedo...

Ya has saltado al vacío
de la promesa eterna
oculta en mis abrazos
y has caído, alguna vez,
como todos caemos...
(igual que tu caída fue la mía)

Ya intentaste un lugar entre mis cielos,
pero mis cielos tienen
algunas nubes negras de tormentas...
¿Nos dimos por vencidos
o nos venció la vida?
¿"Tiramos la toalla" antes de tiempo?
¿O evitamos aquel knock out final
de la tristeza de las despedidas?

Ya lo intentamos todo...
¿Por qué tendría que cambiar de pronto
el mismo cruel destino que nos une,
la agonía de estar y de no estar,
y quemarnos en fuegos de un infierno
que no sabe de días o de noches,
de ruegos o silencios,
o de resignaciones que no pueden borrar
lo inolvidable?

Quiero por fin sacarme la armadura
de guerrera imbatible...
Sentir, ya mismo y de una vez por todas,
que no soy la incansable luchadora
de causas imposibles...
Enfrentarme a mis miedos cara a cara
y seguir adelante, sin cuestionar las reglas de este juego.

Quisiera que guardaras
tu espada victoriosa de conquistas,
tu escudo protector de sentimientos,
y abrieras ese cofre de tesoros ocultos,
los mapas de mis tierras,
la brújula del tiempo compartido...

Quisiera tantas cosas
antes de despedirme...
antes de que callemos para siempre...
un solo último encuentro...
Pero ya no,
que pena, amor,
ya no nos queda nada...

ROXANA LAURA RONQUILLO