Nacida en Argentina (metafísicamente creyente que eso se elige desde antes de ser gestado). Roxana por elección de madre, Laura por elección de padre, Ronquillo y Pagano y Moyano y Di Marzo por herencia de abuelos obstinados forjadores de futuros imposibles.
De sonrisa indómita, profunda de ojos, filosa de lengua, llorona irremediable, vergonzosamente gritona, complicadamente simple, rebelde de cabello y de ideas, menuda de cuerpo, claustrofóbica inquieta en todos los sentidos, viajante incansable entre los mapas de las cuatro paredes de mi cuarto.
Docente por naturaleza, errante por profesión.
Lamentablemente ingenua, perdidamente libre, de mente voladora sin esperanzas de poder cambiarlo.
Adicta a la alegría y a las bebidas cola.
Bullente de palabras, bailarina frustrada y cantante aulladora de las noches de luna.
Laberínticamente incomprensible. Amiga y enemiga de hierro. Adoradora del mate, los libros y las buenas películas.
Buceadora en los pensamientos, errante en los cálculos y desconfiada de las exactitudes.
Cuestionadora de conceptos, rompedora de paradigmas (y otras cosas).
Feroz profanadora de las tumbas sociales.
Pie pequeño en busca de valles encantados.
ROXANA LAURA RONQUILLO
"Curarse de un trauma se asemeja en muchos sentidos a crear una poesía" (del libro "Este dolor no es mío")
jueves, 5 de junio de 2014
viernes, 10 de enero de 2014
Bailar bajo la lluvia...
Las gotas comenzaron a caer, suaves y parejas. Le acariciaban el rostro, el cabello, rodaban por sus labios como ella imaginaba, soñaba o esperaba que lo hicieran las yemas de sus dedos...
La lluvia siempre había marcado los momentos de cambio de su vida. Los más sublimes, los más desconcertantes, los que no quería, los que la encontraban desprevenida y parada en un lugar seguro que nunca era tan seguro... Por eso, la lluvia era la bienvenida a sí misma, a su niña interior que se ponía las botas y saltaba feliz entre los charcos de lágrimas de su alma y de su almohada...
La lluvia, con sus rayos y truenos... La noche... Un desconcierto... Una ilusión.. Una mujer renaciendo, dejándose llevar, entre sueños y miedos, y feliz de danzar, una vez más, en brazos de la tormenta...
ROXANA LAURA RONQUILLO
10/01/2014
La lluvia siempre había marcado los momentos de cambio de su vida. Los más sublimes, los más desconcertantes, los que no quería, los que la encontraban desprevenida y parada en un lugar seguro que nunca era tan seguro... Por eso, la lluvia era la bienvenida a sí misma, a su niña interior que se ponía las botas y saltaba feliz entre los charcos de lágrimas de su alma y de su almohada...
La lluvia, con sus rayos y truenos... La noche... Un desconcierto... Una ilusión.. Una mujer renaciendo, dejándose llevar, entre sueños y miedos, y feliz de danzar, una vez más, en brazos de la tormenta...
ROXANA LAURA RONQUILLO
10/01/2014
miércoles, 27 de noviembre de 2013
En su mirada...
El tiempo no existe.
Eso es algo que todos sabemos cuando somos chicos.
Hasta que alguien nos enseña que "se hace tarde para".
Nos resistimos, pataleamos, pero finalmente, terminamos quedando atrapados en el reloj.
Algunos nos resistimos toda la vida al reloj y al calendario. Y llegamos tarde, inevitablemente, siempre.
Otros, aprenden a organizarse y transforman su vida en organigramas gigantes con cada actividad y cada hora planificada para obtener el máximo rendimiento.
Pero hay un momento en que el tiempo se rinde, inexorablemente, frente a la persona.
Un instante eterno en que el tiempo se sabe derrotado pero no perdido.
Son las... (no sé... no existe el tiempo...) El cielo ya está oscuro.
Sonrío.
Tal vez deje pasar el colectivo, sólo por quedarme ahí suspendida en su sonrisa.
No... es verdad... no existe el tiempo...
Él guarda el infinito en su mirada...
ROXANA LAURA RONQUILLO
Julio / Agosto 2013
lunes, 7 de enero de 2013
LAS SOMBRAS DE LA ESQUINA
(FOTOGRAFÍA EMILIANO SOLER)
Braian me lo había explicado un día, con
esa facilidad suya para poner en dos palabras los asuntos complicados de
abordar:
-Cuando la calle te llama, es difícil
decirle que no...
María lo vio, intentó decirle algo, pero
no sabía cómo. Braian esquivó la mirada, se enroscó la bufanda, se puso la
capucha y se alejó despacio, con las manos en los bolsillos. Evitaba el
conocido dolor con culpa que le venía cada vez que se iba, cada vez que
abrazaba a su madre sin palabras, porque ella quería que no y él quería que
sí...
La calle lo llamaba con urgencia y él se
dejaba guiar, necesitado de un rato de nada, de reírse o de hacer algo que le
diera esa sensación de ser todo o ser nadie, o de importarle un carajo ser o no
ser. Eso. No preguntarse. Cagarse de risa de la vida y sus miserias. Total,
mañana la vida seguiría ahí, esperándolo otra vez.
El mañana... el ahora... el tiempo es un
espacio en blanco en la cabeza a veces...
En ese espacio en blanco surgió la idea.
Apareció un auto inalcanzable. Un viejo malestar, la necesidad de cobrarse por
lo que nunca tuvo. Tener sólo con atreverse.
El espacio en blanco se tiñó de pronto con
las luces azules y el sonido de la sirena que los perseguía.
Cuando Alan maniobró a toda velocidad para
doblar y meterse en el barrio por la otra esquina, Braian advirtió el golpe del
choque y el intento desesperado de su amigo por seguir. Recién en ese momento
escuchó los tiros. Ni siquiera podía pensar. Si se agachaba para bajar del auto
y corría, tal vez aún lograra entrar en el barrio... Abrió la puerta de su lado
y los dos disparos lo golpearon como latigazos. La cabeza cayó blandamente
sobre la calle, que lo recibió con sus brazos oscuros de tierra y de sombras.
Ahí permaneció, ajeno al movimiento, dejando sus recuerdos y hasta su último
aliento en esa calle que le absorbió la vida.
Las doce. Una lluvia muy tenue. Los
curiosos se fueron. La policía, la ambulancia, también. No queda nadie, sólo
las veredas vacías. Una familia llora el cuerpo de Braian ya sin vida. Braian
se queda. Se queda su alma, como una sombra en la vereda. Su alma... Una sombra
de camperita con capucha que se va rumbo a la esquina a juntarse otra vez con
los pibes...
La lluvia lava la sangre de la calle. O la
funde con el barro. Sangre y barro latiendo al unísono. Sí. Es una joda cuando
la calle te llama...
Roxana Laura Ronquillo
(dedicada con amor al alma de los pibes que se llevó la calle...)
Roxana Laura Ronquillo
(dedicada con amor al alma de los pibes que se llevó la calle...)
martes, 13 de noviembre de 2012
TIEMPO FINAL
El sol se va apagando.
Él llega lentamente
con su paso sin ganas,
sus horas sin reloj,
el silencio en sus ojos,
y esa mueca tan suya
que oculta soledades.
Se sienta en esa esquina
(siempre la misma esquina).
Mira.
La quietud de sus tiempos
no comprende las prisas de los autos.
Mira.
Sonríe con las risas de los chicos
que juegan escondidas.
Y él se esconde también
de los fantasmas crueles del pasado.
Mira.
Descubre la redondez creciente de la luna
en el vientre recién amanecido de "la Cande",
su rostro -luna llena- tan plateado y radiante
(Hacia adentro descubre
que su cuerpo está seco
y su voz ya dormida para siempre).
Mira.
El semáforo hace un guiño lumínico a la nada.
La oscuridad apaga el rumor de las voces.
Mira.
Se levanta sin ganas.
Paladea
las resacas amargas del regreso.
Mira.
Cruza la calle.
Se pierde lentamente
en el último tramo
de aquel pasillo estrecho de su vida.
ROXANA LAURA RONQUILLO
Él llega lentamente
con su paso sin ganas,
sus horas sin reloj,
el silencio en sus ojos,
y esa mueca tan suya
que oculta soledades.
Se sienta en esa esquina
(siempre la misma esquina).
Mira.
La quietud de sus tiempos
no comprende las prisas de los autos.
Mira.
Sonríe con las risas de los chicos
que juegan escondidas.
Y él se esconde también
de los fantasmas crueles del pasado.
Mira.
Descubre la redondez creciente de la luna
en el vientre recién amanecido de "la Cande",
su rostro -luna llena- tan plateado y radiante
(Hacia adentro descubre
que su cuerpo está seco
y su voz ya dormida para siempre).
Mira.
El semáforo hace un guiño lumínico a la nada.
La oscuridad apaga el rumor de las voces.
Mira.
Se levanta sin ganas.
Paladea
las resacas amargas del regreso.
Mira.
Cruza la calle.
Se pierde lentamente
en el último tramo
de aquel pasillo estrecho de su vida.
ROXANA LAURA RONQUILLO
jueves, 8 de noviembre de 2012
No dejes que el rencor mate tu risa.
No te dejes ahogar por la tristeza:
la vida que en los labios hoy te besa
te devuelve el amor y se eterniza.
Bajo el cielo olvidado por tus prisas
nacen soles de cálidas promesas.
Se aprende cada día a no ser presa,
ni del fuego del tiempo ser cenizas.
Es eterno quien sabe que en lo oscuro
de la tierra, estalla la semilla...
Y de la música, la maravilla,
es resultado de sus tiempos mudos.
A pesar de los golpes, nunca pudo
la lágrima borrar a la sonrisa.
ROXANA LAURA RONQUILLO - 18/09/2012
lunes, 28 de mayo de 2012
LUGARES DE PERROS FLACOS
Cuando Delia comenzó a trabajar en la salita como enfermera, no sabia nada del destino, de las causalidades, ni de los lazos que la vida teje entre las almas que se eligen más allá del cielo, para venir a crecer juntas a esta Tierra.
Era una noche cálida de verano. Golpeó la puerta con los nudillos y le abrieron unos ojos profundos que se apartaron para dejarla entrar. En la oscuridad de un rincón se oía un gemido pequeño, como el maullido de los gatos recién nacidos llamando a su mamá.
En ese mundo donde el verano es sinónimo de manguera en la calle, y el invierno, el frío de unos pies descalzos, Delia escuchó alguna vez la expresión "época de vacas flacas". Pero no le parecía dura. Porque también encierra la esperanza de algo temporario, de que, finalmente, habría otras "épocas de vacas gordas".
Duro le parecía, cada vez que recorría el barrio, comprender que ese era un "lugar de perros flacos".
Los lugares de perros flacos son algo que no tiene remedio.
En los barrios donde el hambre y el frío azotan, siempre hay una boca más para alimentar. Y siempre aparece en alguna esquina un perro flaco, de la calle, y de todos, al que no se le puede negar un hueso, porque está... Como ellos, como el paisaje... Y va a seguir estando. Porque ser flaco y morirse de ganas de todo, lo hace a uno tan fuerte, que algún loco llega a creerse invulnerable y desafía a la muerte a esos duelos que a la larga pierde.
Lugar de perros flacos, el barrio.
Lugar de muchos, lugar de panzas jóvenes, de niñas-madre. No porque no les hayan enseñado a cuidarse, sino porque en los lugares donde la muerte suele decir "presente" sin haberla llamado, la mayor alegría y la esperanza, es una nueva vida engendrada en la cama y en el sexo y en el amor y en el deseo de renacer, como sea, en algún abrazo.
En los lugares de perros flacos, y panzas jóvenes, y montañas de basura en la esquina, no hace falta hablar, porque uno aprende a mirar y saber, comprender lo que pasó y lo que va a venir, sin decir ni hacer preguntas.
Como le sucedió a Delia, cuando vio la casa a oscuras, el hombre con expresión desencajada , la ropa desparramada, y el gemido-maullido, que no era un gato, era una bebé buscando a una mamá que no estaba ni estaría, porque se escapó de los golpes y las idas y vueltas de la muerte y la vida.
La levantó de su cunita, y en ese segundo Delia comprendió lo que a muchos les lleva tanto estudio espiritual: nadie escapa de las telarañas que tejen las almas más allá de este mundo. Y nada, absolutamente nada, ocurre por casualidad.
ROXANA LAURA RONQUILLO
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