sábado, 17 de diciembre de 2022

A un cambio de distancia

Como pez en el aire.
Como gato en el agua.
La asfixia dolorosa de no encontrar entornos.
La muerte irremediable.
Demasiadas palabras fluyendo por mí sangre, 
retorciendo la forma de explicar
lo que no tiene por qué ser explicado, 
hasta obligarme a abusar de mis silencios,
de mis absurdas síntesis,
de mis adioses.

Me enredo en mis propios caminos que se cruzan.

He piloteado naves tan difíciles...
He caído, profunda y brutalmente, a los vacíos ajenos...

Pero también he vuelto
como siempre regresamos todos:
al origen,
a los faros del alma,
a tocar una orilla del insondable océano del espíritu.

Luego de tanto vuelo y tanta búsqueda
aprendí a reencontrarme
con cielos conocidos,
y con la cruz del sur que marca el rumbo.
A disfrutar los ciclos
sin ansias y sin miedos,
porque al fin todo pasa y todo vuelve,
y algo queda en la tierra,
casi muerto, palpitando inviernos,
renaciendo como de la nada
frágil
seguro
imperceptiblemente para muchos,
en cada primavera.

En la jungla voraz
que es este mundo exigente de nadas,
aprendí que no existen secretos.
Que solo hay que saber aguzar el oído
y abrir la mente
para ver todo a un cambio de distancia.

Que el único deber obligatorio
es prepararnos para el siguiente paso
y atrevernos a darlo.



viernes, 11 de noviembre de 2022

Maimará

 

Me llevo en mi mirada la belleza ancestral de los cerros. Los cardones, guardianes milenarios de la espina dorsal de la América. El sol que quema, traspasa la piel hasta el centro del corazón mismo.

Vuela mi ser en el viento voraz que recorre todos los caminos, mientras se arraiga el alma a las tierras donde los ancestros construyeron vida y la civilización, muerte.

El cementerio donde los otros mundos brotan entre las flores que dejan los que quedan de este lado, homenaje y recuerdo.

Mañana volveré al dolor callado de mi ciudad ruidosa.

Valoraré la lluvia y los abrazos. Esos pequeños cuencos de vida entre la ciega prisa cotidiana.

Y llevaré en mi corazón el sol quemante de esta, nuestra América profunda.





viernes, 19 de agosto de 2022

Cuando buscás la frase, esa que pueda expresar en cinco palabras lo que te dejó una noche sin dormir... eso que te da vueltas en la cabeza por semanas y meses, y te desborda el pensamiento de palabras, y por eso no podés reducirlo a una frase...

Porque en el mundo actual no es una acción lo que vale más que mil palabras, sino una frase cortita, que no lleve a la acción, que no interpele, que sea tan carente de raíces que se pueda pasar de voz en voz, de mano en mano, y que a nadie le moleste porque, en fin, nada dice.

Ese instante donde entra en juego tu contradicción: ¿Cómo resumir en una frase clavel del aire tus palabras frondosas, profundas de raíces, tan parecidas a ese ceibo que, aunque le corten todas sus ramas nunca muere?

Te resignas, al fin, a no poder decir. Y los mismos que abogan por la libertad de expresión, son los que saben que su libertad se remite a cinco palabras fácilmente repetibles que sirvan para no pensar realidades adversas.

Te resignas a elaborar discursos que solo escucharás vos mismo,  enredado en  tus propios laberintos, desconociendo si alguna alma afín compartirá el sabor de tus profundidades y te ayudará a abrazar a un mundo cuyas superficialidades son la piedra en el cuello que lo ahoga.

No alcanza con saber que somos humanos, tenemos límites, limitaciones, nadando en un mar que prioriza la racionalidad económica y las relaciones de poder... No alcanza con saber que simplemente no está a tu alcance cambiarlo. A pesar de la aceptación, la realidad te duele.





sábado, 4 de junio de 2022

El tiempo rodaba bajo las ruedas de mi bicicleta. Las calles y los sueños pasaban veloces por mi vida sin que yo lo supiera.

El día que decidí no verte más.

Cuando pegué la vuelta por tu "volvé, te extraño".

No puedo separar qué fue real y qué una fantasía. Cuánto de tus palabras fueron únicamente mi imaginación. Y cuántas veces vos me imaginaste.

Nunca voy a entender por qué, cuando te pienso no te pienso, te siento. Y una lágrima cae y ya no la detengo, ni la ignoro.

Sonrío y en mi sonrisa caben todas las tuyas. Y tus besos de fuego que ahora son solo cenizas en el viento.

Cuando te dije adiós sabía del dolor en mi pecho, de la agonía por lo compartido, que ya no volvería.

Nunca perdí la esperanza, pero nunca te até a mis sueños.

No sé luchar por un beso que se pierde, porque creo que lo que se pierde te encuentra cuando quiere. Y prefiero un adiós sin un duelo a una lucha constante por ser visto.

Así, sabiendo todo, caminando despacio,  volando entre sutiles primaveras, me fui, corazón abierto, y te dejé la llave que nunca vas a usar.

No sé ni de hilos rojos ni de karmas.

No sé cómo se apagan amores como el nuestro.

Y no quiero apagarlo. Porque es la llama que me mantiene viva. La que enciende mi parte más bonita y te lleva en un sueño mis mejores deseos.

La eternidad de los amores que nunca se completan porque son, sin la necesidad de completarse.


sábado, 21 de mayo de 2022

Vos... Yo... En algún lugar de la galaxia

 

Cuando era pequeña, y escuchaba en la TV hablar de "los agujeros negros", siempre lo asocié con algo malo. Un agujero negro me hacía pensar en la mismísima muerte. La nada. Y una nada oscura, además.

Me enternece tanta ingenuidad.

Porque la madurez te amiga con los agujeros negros.

Cuando el sistema te colapsa la mente, y no podés dormir, pero tampoco podés pensar, el agujero negro es ese espacio en que durante tu niñez te escondías del mundo. Cuando querías desaparecer por un rato y que nadie te encontrara, ahí te fabricabas tu propio agujero negro. Podía ser un escondite en el jardín, un hueco en tu habitación, y hasta debajo de la cama o en el fondo del placard. Porque mientras el sistema y la socialización representaban la lógica cuantificable y medible, el agujero negro era la creatividad pura. Imaginate. Esconderte en la más pura creatividad para escaparle al aburrido y confiable pensamiento previsor.

El agujero negro es capaz de llevarte donde nada ni nadie te llevaba.

Porque vos podés irte a la playa, de vacaciones, al mejor lugar, pero siempre llega el turismo y lo tiñe todo de precios y mercados. Y la creatividad se achica, y se asfixia hasta de la belleza, porque también la belleza está pautada según reglas. Y ahí nomás, la creatividad te pide un agujero negro para poder ser.

Seguro que alguna vez lo sentiste. Todos lo sentimos. Recuerdo haber escuchado a mi mamá, alguna vez, decir "tragame tierra". Y sí, seguramente andaba necesitando un agujero negro de tanto agobio por hacer las cosas bien y como dios manda. Pobre Dios, tan omnipresente y luz ¿en qué recoveco del universo te esconderás cuando necesitás escapar de todo y que nadie te encuentre?

El agujero negro es necesario para la creación. Para el "se hizo la luz". Para el despertar. Para atravesar las lógicas espacio temporales de la vida y la muerte.

Los agujeros negros son esa indefinición donde la nada engendra al todo.

Bueno, todo este preámbulo para decir que lo que vivimos fue un agujero negro.

Lo más ilógico en su estado puro. El escondernos del mundo porque la verdad, un mundo tan lógico no nos merece. Y nos asfixia. A veces me pregunto si para vos no era al revés. Si no lo tenías todo calculado y ese agujero negro no era para vos lógica y estrategia. Pero estoy segura de haberte visto, en algunos momentos, desprendido de todo. Como ese día que tenías fiebre y nunca pudiste entender, porque nunca pude definir, qué fue lo que me generó tanta ternura. Era eso. Estabas en un agujero negro. Y ese día era yo la que lo estaba viendo desde adentro y desde afuera. Y desde ese lugar, tan lejos y tan cerca, hablabas sin pensar las palabras y mirabas sin filtros ni miedos. Compartir los agujeros negros es entrega absoluta. No sé si muchas personas habrán tenido la dicha de vivirlo. Lo más cercano para mi generación fue el sexo. Creo que para las nuevas generaciones son las drogas. Este sistema nos roba el tiempo y la capacidad de zambullirnos, de caer y volver, maravillados.

Tu casa era un agujero negro. Fuera de todo tiempo y espacio. Y el pasillo era para mí como un nacimiento a mí misma.

Por eso a veces me compadezco de las personas que lo tienen todo y de aquellas que se pierden por tenerlo. Porque cada vez se alejan más de lo que buscan. Porque no hay dinero que compre un agujero negro. Porque los agujeros negros no son funcionales al mercado (al menos, todavía).

Tu casa era un agujero negro porque todo lo poníamos nosotros. La música, los mates, los cuerpos, los besos. Nada era necesario porque nosotros engendrábamos el todo.

Pero como toda Eva, yo quería también mirar la luna. Tirados en la arena, en una playa. Acampando en un recodo del camino. Porque los agujeros negros también necesitan la conexión con el afuera. Si no, dejan de ser. Y yo no quería que lo nuestro deje de ser. Pero vos no querías que sea.

Y yo solo sé expresarme en cuentos porque es el único lugar en que para crear no necesitás ese tire y afloje que son las relaciones. El mundo me es hostil. Inentendible. Todo es tan simple y sin embargo, crecemos entre juegos de poder que impregnan todo. Cuando somos, no necesitamos esos juegos de poder. Pero solo nos permitimos ser en los agujeros negros. Y por eso, la ciencia se empeña en estudiarlos. 

Porque la magia se esconde en ellos.


sábado, 30 de abril de 2022

Los lugares y yo.

No me es fácil estar en algunos lugares. Especialmente en esos lugares donde todo es armado y todo lo que hay que decir es una pauta estudiada previamente..

Pero en aquellos lugares donde elijo estar, donde puedo ser yo y se me permite dar lo mejor de mí, lo hago con toda mi pasión, potencia, responsabilidad y compromiso

En el medio, ambos (lugar y yo) debemos, inevitablemente, pasar por "pruebas de acoplamiento". En esas pruebas suelo sentir un malestar, sentirme extraña. Y el lugar suele sentir miedo de mí y de mi intensidad... y algo de admiración... Si pasamos eso, es para siempre...




domingo, 3 de abril de 2022

"Esos tipos soplan con el viento al rebaño y su temor"

 No soy católica. Nací católica, en una familia que besaba más a los santos que a las personas, y que hoy se queja de los adoctrinamientos.


Pero siempre fui la rara, la oveja negra.  Y las contradicciones e hipocresías de las iglesias, me alejaron de toda posibilidad, de cada intento de acercamiento.

Siempre tuve la necesidad de profundizar, de encontrar un sentido más allá de las creencias y símbolos sociales. De buscar lo que les diera vida a las palabras.

Eran las 15:10 y mi micro salía a las 16:10. La terminal estaba casi vacía y miré, aburrida, a la gente que me rodeaba. Escribí un poco en el celular, leí un rato. Siempre el sentido. Siempre.

Una mujer llegó con tres chiquitos y se sentó a mi izquierda.

Y dos mujeres, con cinco chiquitos más, a mí derecha.

El colectivo no venía y las infancias corrían inquietas, sin alejarse mucho.

La nena de la izquierda metía su cabeza en los maceteros, intentando sentir el aroma de las flores.

El nene de la izquierda, el mayor, se acomodaba resignado sus anteojos, mientras el más pequeño, la cabeza mota de rulitos, saltaba y corría, pura sonrisa.

A la derecha, la más grande de las nenas (unos seis años) parecía entre enojada y triste por una discusión con los más pequeños.

- Vení, escuchame... - oí que le decía su mamá. Su voz sonaba suave entre la gritería infantil.

- Ya viene el colectivo. Y vamos a ir donde te dije, donde está el castillo de la virgen.

A la nena se le encendieron los ojos y la miró con entusiasmo.

- Es un súper castillo, y es hermoso. Ya lo vas a ver.

La nena la abrazo sonriendo.

Y así fue como me amigué con la virgen. No por la imagen, ni por la estampita, ni la estatua.

Por el amor con que una madre le contaba a su hija el viaje a Luján que harían.

Su voz, su mirada, eso era el amor. La visita al "súper castillo de la virgen", solo era la excusa para la posibilidad de expresarlo.

A veces, pequeños actos de amor nos amigan con aquello de lo que nos distanciamos. Solo el amor es capaz de reconstruir el sentido dentro de las vacuidad de las creencias.