lunes, 12 de noviembre de 2012

TIEMPO FINAL

El sol se va apagando.
Él llega lentamente
con su paso sin ganas,
sus horas sin reloj,
el silencio en sus ojos,
y esa mueca tan suya
que oculta soledades.

Se sienta en esa esquina
(siempre la misma esquina).
Mira.
La quietud de sus tiempos
no comprende las prisas de los autos.
Mira.
Sonríe con las risas de los chicos
que juegan escondidas.
Y él se esconde también
de los fantasmas crueles del pasado.

Mira.
Descubre la redondez creciente de la luna
en el vientre recién amanecido de "la Cande",
su rostro -luna llena- tan plateado y radiante
(Hacia adentro descubre
que su cuerpo está seco
y su voz ya dormida para siempre).

Mira.
El semáforo hace un guiño lumínico a la nada.
La oscuridad apaga el rumor de las voces.
Mira.
Se levanta sin ganas.
Paladea
las resacas amargas del regreso.
Mira.
Cruza la calle.
Se pierde lentamente
en el último tramo
de aquel pasillo estrecho de su vida.

ROXANA LAURA RONQUILLO


jueves, 8 de noviembre de 2012



No dejes que el rencor mate tu risa.
No te dejes ahogar por la tristeza:
la vida que en los labios hoy te besa
te devuelve el amor y se eterniza.

Bajo el cielo olvidado por tus prisas
nacen soles de cálidas promesas.
Se aprende cada día a no ser presa,
ni del fuego del tiempo ser cenizas.

Es eterno quien sabe que en lo oscuro
de la tierra, estalla la semilla...
Y de la música, la maravilla,
es resultado de sus tiempos mudos.

A pesar de los golpes, nunca pudo
la lágrima borrar a la sonrisa.

ROXANA LAURA RONQUILLO - 18/09/2012

lunes, 28 de mayo de 2012

LUGARES DE PERROS FLACOS



   Cuando Delia comenzó a trabajar en la salita como enfermera, no sabia nada del destino, de las causalidades, ni de los lazos que la vida teje entre las almas que se eligen más allá del cielo, para venir a crecer juntas a esta Tierra. 
     Era una noche cálida de verano. Golpeó la puerta con los nudillos y le abrieron unos ojos profundos que se apartaron para dejarla entrar. En la oscuridad de un rincón se oía un gemido pequeño, como el maullido de los gatos recién nacidos llamando a su mamá. 
    En ese mundo donde el verano es sinónimo de manguera en la calle, y el invierno, el frío de unos pies descalzos, Delia escuchó alguna vez la expresión "época de vacas flacas". Pero no le parecía dura. Porque también encierra la esperanza de algo temporario, de que, finalmente, habría otras "épocas de vacas gordas"
    Duro le parecía, cada vez que recorría el barrio, comprender que ese era un "lugar de perros flacos"
    Los lugares de perros flacos son algo que no tiene remedio. En los barrios donde el hambre y el frío azotan, siempre hay una boca más para alimentar. Y siempre aparece en alguna esquina un perro flaco, de la calle, y de todos, al que no se le puede negar un hueso, porque está... Como ellos, como el paisaje... Y va a seguir estando. Porque ser flaco y morirse de ganas de todo, lo hace a uno tan fuerte, que algún loco llega a creerse invulnerable y desafía a la muerte a esos duelos que a la larga pierde.
   Lugar de perros flacos, el barrio. 
 Lugar de muchos, lugar de panzas jóvenes, de niñas-madre. No porque no les hayan enseñado a cuidarse, sino porque en los lugares donde la muerte suele decir "presente" sin haberla llamado, la mayor alegría y la esperanza, es una nueva vida engendrada en la cama y en el sexo y en el amor y en el deseo de renacer, como sea, en algún abrazo. 
   En los lugares de perros flacos, y panzas jóvenes, y montañas de basura en la esquina, no hace falta hablar, porque uno aprende a mirar y saber, comprender lo que pasó y lo que va a venir, sin decir ni hacer preguntas. 
 Como le sucedió a Delia, cuando vio la casa a oscuras, el hombre con expresión desencajada , la ropa desparramada, y el gemido-maullido, que no era un gato, era una bebé buscando a una mamá que no estaba ni estaría, porque se escapó de los golpes y las idas y vueltas de la muerte y la vida. 
   La levantó de su cunita, y en ese segundo Delia comprendió lo que a muchos les lleva tanto estudio espiritual: nadie escapa de las telarañas que tejen las almas más allá de este mundo. Y nada, absolutamente nada, ocurre por casualidad. 

 ROXANA LAURA RONQUILLO

miércoles, 21 de marzo de 2012

Cada ventana rota
es la huella del cristal destrozado
de una nueva esperanza.

Cada salto a la nada
es un salto al vacío
de tus propios abismos...
una caída
a los mismos miedos
de los que crees que escapas
escapando del mundo.

Cada vez que te vas, sonriendo
y orgulloso de tu huida,
sin que nadie te siga,
no te das cuenta
que la huida
es el peso en el alma
que te impide volar
a los cielos de paz que estás buscando.

Porque no voy a hablarte
hoy...
tal vez mañana...
Juntaré las palabras en mil poemas.
O las dejaré ahí,
desordenadas,
como las piezas de los rompecabezas
de tu infancia.

Porque seré una sombra
tras tus pasos,
con la esperanza
de que alcances la luz
cada vez que te encuentres en mi mirada.

Y podés escaparte, mientras tanto,
borrarme,
callar indiferente,
odiarme,
insultar hasta que no te queden más insultos guardados,
pensar que la felicidad
duerme en la evasión, o que no existe...

Pero no me pidas
a mí
que yo me escape,
te borre,
llene de indiferencia mis espacios...
Tal vez le dé unos golpes
a la bolsa de arena del pasado,
tal vez insulte
a mi puta estupidez humana...
Luego volveré al ruedo...
No soy de las que tiran la toalla.
Tu habilidad
es mi perseverancia.

Algún día
te cansarás de huir
y no encontrarte.

Yo voy a estar presente.
Porque soy una eterna convencida
de que jamás es tarde.

ROXANA LAURA RONQUILLO