domingo, 16 de noviembre de 2008

Capítulo de "El diario de Marga" (novela en elaboración)


El adiós

Cuando me enteré del poco tiempo de vida que me quedaba, me desesperé... Tantas cosas tenía por hablar, tanto por arreglar, tanto aún por decir... Lo que siempre callamos esperando el momento oportuno... y el momento oportuno no existe. Se disipan las circunstancias y por cobardía, por temores reales o infundados, nos volvemos silencio, nos adentramos en un universo propio sintiendo que todo esfuerzo es inútil para que nos comprendan.
Tal vez no haya que “comprender”, sino “aceptar”, simplemente...
- Te voy a extrañar mucho...
- Yo también...
Es lo último que recuerdo de Fabián... El nudo en la garganta y tantas palabras ahogadas en el pecho... No hace falta, no, no digas nada... hay personas con las que no es necesario hablar. ¡Qué dolorosas son las despedidas...! Un abrazo. Un silencio. Un sentimiento compartido de “nunca más” y “siempre”. Unos ojos húmedos y la tristeza rondándonos el alma...
Qué difícil continuar camino, cuando el camino se bifurca y se pierde, se aleja como se alejan los futuros felices...
Adiós, ya está, no, no lo digas, te comprendo, no lo hagas más difícil todavía... El mismo peso, el mismo vacío, el mismo hueco donde antes existía un corazón que se voló, que se quedó en algún lugar, donde algún día anidó nuestra felicidad...
Una sola despedida. Adiós, Fabián. Después, vendrá la despedida al resto. En mi diario. Mi adiós al mundo. Y aquí, lo que les dejo... Les dejo a la Marga que nunca conocieron, que nunca quisieron conocer, porque les generó miedo, porque rompió barreras, porque el único error que cometió, fue haber amado tanto (a su manera).
Roxana Laura Ronquillo
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