sábado, 9 de enero de 2010

DESENCUENTROS

Aquella noche regresó a su casa con los ojos brillando y aquel después te llamo en los oídos.
Se duchó, se acostó atreviéndose a soñar y, al día siguiente, se sorprendió sonriéndole al espejo.
Esperó. Un día que se hizo eterno. Dos días, esperanza. Tres días, ansiedad. Cuatro días, miedo. Cinco días, decepción. Seis días, resignación. El séptimo día, luego de haber llorado lo justo y necesario, maldijo a todos los después te llamo.
El décimo día sonó el teléfono... Ella estaba en el tercer día de otro después te llamo...

Roxana Laura Ronquillo
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