martes, 2 de marzo de 2010

GOLONDRINA


Golondrina odiaba ser un ave de paso.

Quería... Ansiaba desesperadamente aferrarse a algo y quedarse, por fin, quedarse.

Contemplaba los barcos, los puertos, la gente incapaz de estarse quieta.

Admiraba a los árboles añorando ser árbol, echar raíces y ver pasar la vida con la tranquilidad de quien no tiene que huir de un lado a otro.

A Golondrina le enseñaron desde pequeña que para sobrevivir hay que moverse... Pero qué deseo de anclarse para mirar al cielo, la quietud de lo inmenso, la paz de lo infinito...

Después de muchos inviernos, y de incontables territorios recorridos, Golondrina lo vio... Y él también la observó... Y se acercaron... Y Golondrina supo que el amor lleva algo de aferrarse, algo de cielo, de quietud de lo inmenso, de paz de lo infinito y también, algo de vuelo, y algo de estar de paso...


ROXANA LAURA RONQUILLO
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