sábado, 25 de julio de 2009

Su soledad de océanos sin botes

Ojos marchitos los ojos del espejo. Eran sus ojos ya vacíos de lágrimas, ya secos de espejismos en desiertos de arrugas...
"¿Pero... no ves que él no es lo suficientemente bueno para vos? ¡¿Ese?! ¡Ese, con esa pinta, se te va a ir con la primera que se le cruce! Y el otro... sin dinero... y el de más allá, tan soberbio... y el de más acá, tan tímido que no llegaría a nada..."
Ojos abrumadoramente tristes los del espejo, porque ya no encontraban dónde reflejarse...
"¡Prometelo! ¡Prometeme que si no te casas conmigo te vas a quedar sola! ¡Que nunca vas a amar a ningún otro!". "Lo prometo... ¡Qué cosas se te ocurren...! Si... ¿no estamos bien juntos? Y claro que te amo y jamás voy a poder amar a otro..."
¡Qué desgracia tan grande el dudar tanto y terminar al fin no amando a nadie!
"Las chicas buenas miran hacia abajo..."
Y claro que si un hombre hubiera visto su alma tan claramente como ella en el espejo... ¡La hubiera amado tanto! Pero vaya a saber por dónde andaba oculta su alma colmada de respuestas sin preguntas.
Si conocieran las voces que la colmaron de este desamparo, su soledad de océano sin botes...
Tal vez, las que la amaban verdaderamente... Tal vez, y aunque sea por una sola noche... hubieran callado.
ROXANA LAURA RONQUILLO
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