sábado, 7 de noviembre de 2009

Una imagen... Vale más que mil palabras? - Final

A cinco años de haberlo conocido, soy capaz de preveer el proceso de casi todas sus respuestas, su accionar y su reaccionar.
Ante una pregunta que no desea (o no le conviene) contestar, la primera respuesta de Fabio será tan obvia que generará vergüenza en quien la formuló. Otra posible respuesta será el enojo evasivo y el consiguiente mutismo, hasta que quien pregunta haya silenciado resignadamente.
El accionar conjunto será la burla, la desvalorización, hasta que, quien fue capaz de cuestionar, traslade la duda hacia su propia persona, su valía y su escala de valores.
El re-accionar será: el silencio, la distancia y la simpatía y acercamiento con "el resto", para demostrar a quien preguntó que es un paranoico estúpido, frente a alguien aceptado y querido por los demás.
Sí, es cierto. Parece tan rebuscado que con expresarlo ya me siento una paranoica estúpida, escritora de psicología barata. Por eso, calo casi siempre desde que lo conocí. ¿A quién puedo contarle sin que me crea una loca fabuladora?
Jamás tendré pruebas.
Sandra Belardi no es sólo una novia despechada. Es una persona engañada, estafada... (como yo, tal vez?), a punto de develar un secreto.
Siempre me pegunté por qué los grandes farsantes de la Vida no se esconden en las villas de emergencia, sino tras la fachada de exitosos profesionales. Por qué dejamos al descubierto fácilmente las mentiras de los barrios bajos, mientras las más grandes, viles, planificadas y pensadas mentiras permanece ocultas sin remedio. ¿Será que el fin justifica los medios y en este mundo actual es único fin es el dinero?.
Fabio Gabriel Alzamendi no era un mujeriego, farsante en el amor, como creí al principio. Era un farsante en la Vida.
En ningún papel tiene asentado un domicilio propio. En su DNI, su último domicilio es el mío. Suele alquilar a dueños directos que, en la corriente de seductora simpatía que se genera, no le exigen ni le solicitan demasiado. Cuál es el secreto para ese manejo de la gente, cómo gana tan rápidamete una confianza que traiciona sin culpas, es un interrogante para mí.
Entre un alquiler y otro, entre un trabajo y otro, tiene sus "amistades clave", con quienes sí es, por conveniencia, el más honesto de los hombres (porque actúan como sus "bases de apoyo").
Las mudanzas y cambios constantes lo convierten en un fantasma. Se maneja únicamente con telefonía móvil cuyo chip cambia cuando desea pasar al anonimato durante un tiempo.
Él sabe que yo sé todo esto. Probablemente, hasta sienta regocijo, por ser el mejor estratega y el jugador más hábil. Al fin y al cabo, la sociedad actual valora mucho estas características.
En una de las reuniones de sus "amistades clave" surgió mi primera duda.
Alguien comentó, divertido:
- Y el hijo de perra no terminó de estudiar... Mientras todos nos matábamos estudiando horas y días casi sin dormir, él hacía la suya...
Los demás reían a carcajadas. Era evidente que estaban al tanto y festejaban su situación, divertidos de la "hazaña"...
- Al final, el h.de p. compró el título y casi que está mejor que nosotros...
Risotada general. Fabio me miró incómodo en aquella ocasión. Esperaba mi conformidad y yo sólo pude sonreír. Una pregunta quedó dando vueltas en mí el resto de la noche: ¿Cómo hizo este ser enigmático que dormía a mi lado para pasar de "haber comprado el título" al manejo financiero y contable de las empresas que lo elegían?
En la oficina, dos mujeres sospecharon de actitudes suyas: Andrea Buccietti, ex amiga incondicional mía, que en un principio opinaba que Fabio no me convenía porque me notaba diferente desde que salía con él, y a lo que Fabio se defendía con "... son celos, porque está sola... ¿no ves cómo me "busca"?". (Evidentemente lo encontró, porque ahora son amantes y lo respalda en todo... No porque sea un buen amante, sino porque... ya lo dije: es un gran estratega y el jugador más hábil...)
La otra, Carla López Spina, era su jefa directa, a la que despidieron dos meses después de la incorporación de Fabio a la empresa. Ella, vaya a saber por qué, dejó en sus manos las cuentas de su mejor cliente, Sebastián Porta, dueño de una droguería que funcionaba como lo que en la jerga llaman "tercerista", es decir, elaborando productos para diversos laboratorios, algunos de renombre y otros desconocidos. Ella era su asesora financiera hasta el momento en que la despidieron y, aparentemente, Porta, en lugar de seguirla, tomó a Fabio, que la secundaba, como asesor directo.
Como hacker, Alzamendi no me llega ni a los talones (aunque debo admitir que aprendí estas técnicas como consecuencia de sus acciones en mi vida).
Semanas después, logré ver en la computadora datos de las empresas que él asesoraba. Aproximadamente, el setenta y cinco porciento eran laboratorios terceristas, la mitad de ellos, fusiones momentáneas completamente desconocidas, que manejaban un importante capital. Y tres estaban realizando trabajos específicos encargados por el Ministerio de Salud de la Nación.
En este punto decidí marcharme. Como antes expresé, una espía cierra esa etapa cuando descubre cosas que no desea encontrar y que, evidentemente, la Justicia tampoco.
Después de muchas lágrimas y mucho dolor, comprendí por qué Fabio me eligió a mí: por lo mismo que eligió a Sandra, y a Andrea... no sabemos decirle "no". Somos peones en el juego de ajedrez de su vida. Y él ni siquiera es el rey. Él no es una pieza más del juego. Él es quien está jugando con nosotros. Por eso, debo poner una distancia. Esta tarde, me marcho con un destino que dejaré en blanco. Porque los peones son los primeros que pierden la vida en el ajedrez.
Fabio no es un asesino. Al contrario, él es "socialmente correcto"... mucho más socialmente correcto que yo. Él no hace. Hace que los demás hagan...
Hoy me enteré, a través de los noticieros, que Sandra Belardi apareció muerta en un descampado cercano a su domicilio. El único sospechoso está desaparecido. Fabio sonríe, como siempre, impecable, seductor, en el cómodo sillón de su oficina...

Roxana Laura Ronquillo
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