jueves, 15 de abril de 2010

Capítulo 34 de "El diario de Marga" (novela en elaboración)

DESPUÉS… QUIÉN SABRÁ QUÉ HAY DESPUÉS

- No, Fabián. No puedo hacer esto…

Su respuesta, un murmullo suave, pero tan seguro, tan firme, tan de hombre, suena aún como un eco en mi cabeza:

- Yo prefiero extrañar algo que tuve y perdí, y no vivir extrañando algo que nunca tuve… Sos tan hermosa...

“¿Hasta qué punto soy capaz de arriesgarme?”, recuerdo que pensé, “¿Hasta dónde soy capaz de llegar? ¿Y después… qué?”. Siempre pensando en el pasado o en el después, siempre. Es algo que no puedo evitar.

- ¡No, Fabián! ¿Qué puedo darte, después?

Soy consciente de la existencia de mi familia, más allá de cualquier lazo, más allá de la distancia. Fui consciente de ello en ese momento, también. La relación Marga-Fabián no pasaría de instantes aislados, compartidos, pero efímeros. Lo sabía entonces, lo supe siempre. Me hubiera gustado tener valor para hacer de ella algo diferente. No lo tuve. Él tampoco lo tuvo, o no quiso tenerlo.

- Marga… Nunca hablé de después. Yo no te pedí nada… ¿Qué sentís, “ahora”, no “después”?

Siempre fue tan claro para todo. Tan capaz de aceptar lo que la vida le daba (o no aceptarlo) pero sin “peros”. Lo contrario de mí, que evaluaba cada pequeño detalle y permanecía paralizada, cortándome cualquier avance. Aunque, sin que sea un justificativo para mí, el “ahora” se podía vivir de esa manera cuando se era tan joven como él, tan lleno de futuros, de caminos. Yo… finalmente, me permití ceder. Tal vez, por esa imagen que añoraba de mí misma; tal vez, por el cansancio de preguntarme siempre. Me embarqué en la aventura de mis sueños. En sus brazos bronceados de corsario. En sus ojos gitanos, tan profundos y cómplices. En su sonrisa dulce, sugerente… “Después”, me dije, “… quién sabrá qué hay después”...

ROXANA LAURA RONQUILLO

Publicar un comentario