lunes, 10 de mayo de 2010

Ya nada...


Ya no nos queda, amor,
más que la piel sedienta, desgarrada,
el desierto reseco dejado por las lágrimas,
los besos, los soles de caricias,
cuando después de todo
nada queda, amor, ya nada...

Ya he visto los confines de tus ojos
he vencido los muros solitarios
de los que te rodeas,
los fosos del castillo de tu vida,
tus fortines callados,
comodidad o miedo...

Ya has saltado al vacío
de la promesa eterna
oculta en mis abrazos
y has caído, alguna vez,
como todos caemos...
(igual que tu caída fue la mía)

Ya intentaste un lugar entre mis cielos,
pero mis cielos tienen
algunas nubes negras de tormentas...
¿Nos dimos por vencidos
o nos venció la vida?
¿"Tiramos la toalla" antes de tiempo?
¿O evitamos aquel knock out final
de la tristeza de las despedidas?

Ya lo intentamos todo...
¿Por qué tendría que cambiar de pronto
el mismo cruel destino que nos une,
la agonía de estar y de no estar,
y quemarnos en fuegos de un infierno
que no sabe de días o de noches,
de ruegos o silencios,
o de resignaciones que no pueden borrar
lo inolvidable?

Quiero por fin sacarme la armadura
de guerrera imbatible...
Sentir, ya mismo y de una vez por todas,
que no soy la incansable luchadora
de causas imposibles...
Enfrentarme a mis miedos cara a cara
y seguir adelante, sin cuestionar las reglas de este juego.

Quisiera que guardaras
tu espada victoriosa de conquistas,
tu escudo protector de sentimientos,
y abrieras ese cofre de tesoros ocultos,
los mapas de mis tierras,
la brújula del tiempo compartido...

Quisiera tantas cosas
antes de despedirme...
antes de que callemos para siempre...
un solo último encuentro...
Pero ya no,
que pena, amor,
ya no nos queda nada...

ROXANA LAURA RONQUILLO
Publicar un comentario